lunes, 17 de mayo de 2010

Ay!

No sé.

Se me fundió el cerebro, aún así tengo mucho en mente y no encuentro la manera precisa -ni las palabras correctas- para poder expresar ni un tercio de todo.

Estoy cagá, pienso. Hace tiempo lo pensé y creo ahora estar en lo cierto.
Definitivamente, el tamaño de mi cabeza no es proporcional a toda la mierda que tengo dentro; de lo contrario, no temería por ella en todo momento.

Y así, sigo sin entender.

Poco a poco lo poco y nada que queda de mi mente va diciendo que debo decir/sentir/pensar algo. Pero no.

No sé de dónde sale todo esto, no sé quién/qué lo controla.

Es posible, creo, que mis dedos tengan cerebro propio y sean ellos quienes realmente están escribiendo esto.

En una de esas, muchas partes de mí tienen cerebro aparte... No hallo otra explicación a porqué me pesa tanto el cuerpo.

Ay! No entiendo, sigo sin entender.


Los ojos, los dedos, el pelo, la lengua, las orejas, el ombligo, las rodillas, los codos, los hombros, la clavícula, el fémur izquierdo, mis uñas color fucsia... Todo me pesa.

Imposible encontrarle sentido alguno a algo tan imbécil.
Imposible encontrar imbécil algo sin sentido.


Ay! Así me siento hoy.

lunes, 19 de abril de 2010

Siempre me cuesta elegir el título indicado

Hola, solo quiero decir que estoy viva.
Ah, sí, todo bien con el terremoto por acá. Anduve recorriendo localidades cercanas a la mía y fumé miles de cigarros con damnificados. La sonrisa que me regalaron al escuchar un simple ¿querís un pucho? es impagable, por cierto.
Voy por mi tercera semana en la U, viviendo en otra ciudad y todo lo que dije en la entrada anterior.
Me mechonearon, me apadrinaron, he carreteado de lo lindo y he estudiado, en dos semanas, lo que jamás había estudiado en mi vida.

Me pusieron una pistola en la cabeza para escribir. Gracias por estar.


viernes, 12 de febrero de 2010

Cambia... ¿Todo cambia?

Si pudiera definir lo que va (y el resto) del 2010, en una palabra, sería: Cambios.

-Puta la hueá fome- dirá usted, pero lo cierto es que tal concepto define, de manera más fiel, lo que será para mí del último año de la primera década de este milenio.

Todo comenzó a fines del 2009, período en el que colgué la corbata, la blusa blanca, la falda con tablas, los zapatos negros y el chalequito azul marino cuya insignia era un corazón y con una cosita rara, algo parecido a un clavo. Algo religioso, algo estúpido.

Salí del colegio con un promedio decente, di la psu y me fue como las reverendas hueas y, a decir verdad, ahora me enorgullezco al decirlo; me decepcioné bastante con la pruebita de mierda, pero me pegué el cacho y comprendí que era un mero trámite.

Tuve fiesta de graduación y fui con el pastel con menos brillo que pisa, al menos, mi tierra; pero me curé igual. Sí, me curé y lo de monja que durante cuatro años intentaron inyectarme, desapareció.

En diciembre cumplí 18, edad que recibí con ganas solo para comprar cigarros y alcohol en cualquier parte sin tener que salir arrancando. En fin; para mí, tener 18, no implica nada más. Sigo siendo la misma mujer con cuerpo de niña; idealista, melómana, buena pa' leer y fanática del fútbol. Soy un niñito con tetas que se calienta cuando ve una pelotita rodar.

Con 18, además de ganar permiso de por vida para fomentar mis vicios, obtuve una hueá que no se la deseo a nadie: Que a tus viejos les baje la melancolía porque estay grande y que prácticamente lloran cada vez que te ven. Mal! Pasaron, de un momento a otro, a picarla finita todo el día.

2010, año de cambios. En marzo voy a ser universitaria -la hija mayor se irá de la casa-. Entraré a estudiar Derecho -ah, buena, o sea que después me vai a defender gratis- en la Universidad de Concepción lo que, por ahora -y como diría Ricky Espinoza- me pone más feliz que la mierda.

Viviré a 5 horas de mis viejos, justo y necesario considerando que por casi dos décadas no me he despegado de ellos. Preciso para comenzar a tener vida, arreglármelas por mi cuenta en todo sentido de la palabra. Quiero sacarme la cresta y pararme solita, quiero bajarme de la cuna y comenzar a disfrutar -o sufrir- todo lo que la ¿vida? me tiene preparado.

-La U cambia a las personas, ten cuidado- me dijeron una vez. Pero no creo que sea mi caso, desde antes de que aprendiera a limpiarme el culo soy así: honesta, directa, con las cosas claras y los pies pegados a la tierra.

Cambios, cambios, cambios.

A quién cresta le importan los míos, pienso.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Quiero

Saltar, volar, correr, pensar, soñar, crear, comer, dormir, vivir, reír, cantar, dibujar, pintar, escribir, leer, abrazar, besar, hablar, caminar, sufrir, conocer, viajar, follar, subirme a un árbol, golpear, escuchar música, imaginar.

P-e-n-s-a-r-c-o-n-l-a-c-a-b-e-z-a-f-r-í-a.
Y seguir mis instintos. Ambas juntas o por separado.

Pero me falta vida, me falta.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Sea más clara, por favor.

Aquí iba una historia sobre el perdón, sobre no meter las patas y hacer todo bien, siempre.
Pero acabo de leer el texto que ya no existe y, la verdad, no quiero. Quiero equivocarme trescientas veces si es necesario.


Perfección, ¡las pelotas!

viernes, 23 de octubre de 2009

Venga, pase
¿Cómo le va? ¿Se va a confesar?
Sientese ahí, espere un ratito; el padre ya viene.

Ojos turnios, silueta erguida.
Cabeza gacha; perdón señor.
Manitos juntas, alma en el aire.
Arrepentimiento -por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa-
y el puño derecho golpeando el corazón.
Listo, terminó todo.

¿Eso nomás era?

Penitencia ¿Penitencia? ¡Penitencia!

Arrodíllese y cinco Ave María y tres Padre Nuestro.
Cumpla, pague; el creador se puede enojar.
(Paga, paga procurando jamás volver a pecar, hijo de puta)

Un rosario, dos, tres; y el que está al lado esperando su turno
-como quien saca número para comprar carne en un supermercado-
piensa una y otra vez si vale la pena pedir perdón mirando al cielo...

martes, 6 de octubre de 2009

Saltar desde un quinto piso, correr hasta el infinito; ensar, crear, borrar, pensamientos efímeros.
Flor en el andén, figuras de papel; y yo viendo cómo nace lo que nadie quiere ser.
Tanta idolatría erra por pasajes sin salida.
Morir por dentro y salir corriendo y sostener el carnet, mostrarlo en el hospital, pedir permiso pa' pasar y que la muestra de sangre y que la presión y que despierta y que no.
Arrancar del sueño y pensar, crear, borrar, mascaritas y vanidad.
Y volver a morir y volver a vivir y volver a morir y volver a vivir y la altura, ¡la altura!, que se apuna, que se va.
Se fue.
Y que el taita la tenga en su santo reino.